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Robot-radar
ARTURITO REVELA SUS MISTERIOS

 

El inventor de la máquina que supuestamente detectó oro en Juan Fernández explicó cómo funciona. Teme que nadie le va a creer y, efectivamente, ya hay científicos que lo cuestionan.

 

Arturito, el robot-radar de Wagner Tecnologías. Su creador dice que tiene un reactor minúsculo en su interior, que se alimenta de un material secreto, pero muy común. 

"Arturito" va para "hombre del año". Qué importa que sea un "radar a control remoto" en lugar de humano. Si el tesoro que supuestamente detectó con sus misteriosas ondas aparece, hasta para presidente podría candidatearse. 

Sin embargo, es poco lo que conocemos de este artefacto: ¿cómo funciona, cuáles son sus partes? Su creador, el ingeniero chileno Manuel Salinas, formado en Alemania y actual gerente de tecnología de la empresa de seguridad Wagner, decidió develarnos esos secretos.

¿Qué es Arturito?
-Es una integración de elementos electrónicos, transductores, antenas, un reactor de fisión (sic)... El reactor es el alma de la máquina. 

O sea, ¿en su interior hay un aparato que está descomponiendo átomos?
-No, no descompone nada. Lo que yo hago es tomar un elemento básico, no radiactivo, algo que se puede comprar en una joyería o en una farmacia (pero que es secreto industrial) y lo someto a un campo de interferencia; creo campos magnéticos, una especie de ciclotrón, y empiezo a excitar con ello al quark, que es la mínima expresión dentro de un átomo. Hago que el quark gire en sentido inverso de los campos magnéticos. Entonces, cuando enfrento esas dos fuerzas, creo como un torrente de una nueva energía, que hago que salga por transductores, esas antenas y bocinas que ves a los lados del robot, acopladas a un cañón de grafito, el canal de emisión. ¿Tú veías "Viaje a las estrellas"? Cuando decían: "Vamos a disparar con los cañones antimateria". Bueno, esto es lo mismo.

¿Lo mismo? Pero, ¿qué tipo de energía produce?
-Es una energía pura, que todavía no sé cómo llamar. No la puedes ver; la puedes medir a través de los instrumentos que tuvimos que fabricar para entenderla. 

¿En qué dirección sale? 
-Empieza a expandirse en forma helicoidal, para abajo, para arriba, depende de qué instrucciones uno le dé. Se puede guiar, para eso tiene el cañón de aceleración. Y va chocando con todo y mandando una señal que regresa, el eco. Porque la energía rebota, toma la forma del objeto, hace el análisis atómico, y lo manda de vuelta. Entra al computador, empieza a funcionar la interfase y te dice, de acuerdo con el lenguaje que hemos creado, si aquello con lo que chocó está en la memoria o no. Porque previamente hemos cargado el computador con perfiles atómicos de distintos elementos. 

¿Cuál es el alcance de esta máquina?
-Tú lo vas regulando. Haces disparos a dos metros, y si no te da nada, haces disparos de cinco, seis metros. Vas graduando a qué profundidad. 

LA GESTACION

Manuel Salinas, el inventor del robot, y su creación.

El funcionamiento del robot-radar TR (Arturito) suena increíble, casi tanto como su gestación. Salinas cuenta que, siendo aún liceano, encontró un libro de curiosidades físicas. Se obsesionó con los quarks. Pasó años resolviendo teoremas y haciendo simulaciones computacionales hasta que llegó a convencerse de que podían generar esta extraña energía "que era capaz de hacer un millón de cosas". "Entonces empecé a pensar en aplicaciones -continúa-. Deambulé de un lado para otro, como el cuento del pariente loquito: Manuel es simpático, inteligente, pero está medio chiflado". 

Un día llegó a trabajar a Wagner, empresa dedicada a la custodia de dinero. Le mostró el proyecto a su jefe, Gabriel Vargas, y le contó que podía usarse para detectar minas antipersonales. "Como hay un tratado, las podríamos sacar y vender los servicios", prosigue Salinas. Los jefes le dieron el vamos y construyeron el robot en dos años. "Todo lo fabricamos acá -dice el padre de Arturito-. Las piezas principales no existían en el mercado, las creamos. Las placas, los campos, los ciclotrones en miniatura, el reactor del porte de una grabadora... Todo". Lo terminaron el 31 de diciembre del 2004 (hoy ya hay seis).

Entre febrero y marzo lo sometieron a pruebas de campo: lo hicieron buscar objetos escondidos, agua subterránea... "Pero la prueba de fuego fue Yuraszeck", reconoce Salinas. Gabriel Vargas, que había trabajado en Investigaciones, ofreció el robot. La policía aceptó y el resto es conocido. Algo similar ocurrió con Colonia Dignidad.

No obstante, ni con esos exitazos mediáticos el robot ganó credibilidad -por lo demás, ya están siendo cuestionados, en el sentido de que en ambos casos hay quienes dicen que se contaba con suficiente información previa para encontrar el cadáver y las armas sin el robot-, así que decidieron buscarle otro uso: prospecciones mineras. Hicieron pruebas en el norte, en el sur, pero les faltaba una isla para calibrar y comparar, "porque las islas tienen otra conformación que el continente", explica Salinas. Eligieron el archipiélago de Juan Fernández porque estaba cerca. Hasta allá llevaron la versión "araña" de Arturito, a hacer pruebas geológicas, y terminó encontrando un tesoro. 

DEMASIADO BUENO...

El aparato debía ser móvil y manejable a control remoto, ya que originalmente iba a localizar minas antipersonales.

A Bernard Keiser, el acaudalado historiador estadounidense que lleva ocho años buscando el tesoro de Juan Fernández, tanta coincidencia y maravilla no lo convencen. "¿Es lógico? -se pregunta-. ¿Es razonable que alguien encuentre en un día un tesoro que ha estado escondido por 300 años? Si esto es verdad, sería fantástico. Pero, ¿quiénes son estas personas?".

Los principios físicos de Arturito tampoco terminan de satisfacer a físicos como Leopoldo Soto, presidente de la Sociedad Chilena de Física, pero que aquí habla a título personal: "Si el aparato hace lo que ellos dicen, sería realmente asombroso -opina-, dado que con lo que hoy sabemos de física, no sería posible hacerlo en ninguna parte del mundo. Es decir, tendrían que haber descubierto una nueva física". 

Mario Favre, profesor de la Facultad de Física de la Universidad Católica, opina de manera similar: "Lo que dicen los dueños del aparato es una cantidad de cosas que, por decir lo menos, son delirantes -dice-. Ciertamente hay quarks en el interior del núcleo, donde forman parte de los protones y neutrones. El problema es que, para obtener información de ellos, que no se pueden aislar, los físicos usan aceleradores de muy alta energía, que tienen una estructura de anillo de kilómetros de diámetro. También hablan de fisión, pero dicen que el robot no es radiactivo, y la fisión es por definición un proceso que genera radiactividad". 

Además, Favre explica que los ciclotrones, como el que habría al interior de Arturito, efectivamente utilizan campos magnéticos para acelerar partículas. "Pero el más chico del país, que lo tiene la Comisión Chilena de Energía Nuclear, es algo más grande que una persona -subraya-. Por lo demás, requiere tecnología de vacío, generadores de radiofrecuencia y una cantidad de cosas".

Las tecnologías de búsqueda que hoy más se utilizan están asociadas a campos electromagnéticos y son una extensión de la maquinaria usada para detectar metales. También se están usando técnicas nucleares: se envían pulsos de neutrones que interactúan con el material y de ahí sale de regreso un pulso de radiación gama específico para las distintas composiciones atómicas. O sea, a eso se parecería más Arturito. "Pero llegar más allá de 30 centímetros de profundidad hoy se considera un logro tecnológico. Y aquí estamos hablando de 50 metros", concluye Favre. 

Bernard Keiser busca el tesoro desde hace seis años.

Sobre el alcance de estas tecnologías se refiere Leopoldo Soto más extensamente: "A partir del conocimiento que la física tiene de la interacción de la radiación con la materia -explica-, se han desarrollado una serie de técnicas de detección de sustancias. Su radio de alcance es limitado, dado que la intensidad de la emisión decae a medida que se aleja de la fuente (decae con la distancia al cuadrado)". Esto quiere decir que, si la intensidad es 1 a 1 metro de la fuente, a 10 metros será 1 dividido por 100. Luego, supongamos que se devuelve al detector, recorre otros 10 metros; por tanto, lo que llega al detector es una centésima dividido por 100; es decir, 1 dividido por 10 mil. 

En todo caso, Soto da espacio a la comprensión. "Seamos abiertos de mente y démosle a Salinas la posibilidad de haber descubierto algo que no sabe explicar, pero que hace lo que él dice -propone-. Bueno, la forma de salir de la duda es hacer un conjunto de experimentos sistemáticos para averiguarlo".

Al menos en eso Salinas está de acuerdo: "Tenemos que seguir haciendo pruebas de campo, para que la gente vea que la máquina no es un fraude", reconoce y anuncia que, en las próximas semanas, Arturito viajará a las selvas de Puerto Rico a buscar un avión que desapareció hace 40 años.
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EL TESORO ESQUIVO

Tras ocho años de investigar en archivos españoles e ingleses, y en el mismo terreno, Bernard Keiser podría escribir un libro acerca de cómo fueron a parar miles de millones de dólares a nuestra pequeña isla Robinson Crusoe. Y aunque el tesoro le ha resultado esquivo, continúa creyendo en su existencia. En su opinión, contiene monedas de oro y plata acuñadas en Veracruz y Cartagena de Indias. Para asegurarlo, cuenta con un cúmulo de pruebas desenterradas de la propia isla: monedas del 1700, botones propios de la flota de Ubilla -sólo han sido encontrados otros iguales en las costas de Florida, donde se hundió el barco de Ubilla- y porcelana china de la que usaban los ingleses.
Pero, ¿dónde podría estar? "Deben haberlo ocultado en alguna caverna o tumba que luego taparon con explosiones hechas con pólvora -dice Keiser-. Y en algún lugar cercano a una bahía".

Christian Stüdemann H.

 

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