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Germán Gamonal
Editor de Política |
Fue un error utilizar la religión como arma de combate, y peor aún, montar una especie de show televisivo con algo que es importante en nuestras prácticas políticas. Un segundo error grave en la defensa de Yasna Provoste, fue ofrecido por el Gobierno y su comedia de equivocaciones.
N° 3.344 del 21 de abril al 4 de mayo del 2008
Terminó su paso por el Congreso la acusación constitucional contra Yasna Provoste y ahora sólo queda acatar los resultados de ese verdadero juicio político que la destituyó con votos de la Alianza más los cuatro senadores independientes. La acusación contó con todos los ingredientes de este tipo de hechos políticos, y luego de terminado el episodio, el país volverá a la normalidad con una situación muy extraña, pero real. Chile es un país con régimen presidencial, que aquí hemos calificado en diversas oportunidades como un “presidencialismo exagerado”, porque la persona que ejerce el mando como Jefe Supremo de la nación, tiene tales prerrogativas y atribuciones que se asemeja un poco a los reyes absolutistas. Del presidente dependen los ministros de Estado, los subsecretarios, los intendentes, todos los jefes de servicios, los embajadores, la política internacional, etcétera. El presidente y sólo el presidente decide las grandes adquisiciones para las Fuerzas Armadas, tema que en otros países como Estados Unidos pasan por el Senado. Aquí el Senado como la Cámara han perdido atribuciones ante un ejecutivo avasallante.
Sin embargo, nuestro sistema político, siendo presidencialista, tiene algunas rarezas, es decir algunos “injertos” del sistema parlamentario. Entre éstos podemos mencionar dos: las interpelaciones a los ministros, que se usó durante un tiempo; luego desaparecieron para volver otra vez en la reforma a la Constitución en septiembre de 2005, durante el mandato del presidente Ricardo Lagos. La segunda rareza es la acusación constitucional, mediante las cuales el Congreso –del que no dependen los ministros de Estado– puede hasta destituirlos como ha ocurrido ahora con Yasna Provoste además de otros casos en nuestra historia política.
Nos parece que esas instituciones son típicamente del sistema parlamentario, donde los ministros dependen de la mayoría congresal y en Chile fue criticado por no corresponder a la idiosincracia nacional y además se producían rotativas ministeriales según las mayorías oscilantes en el Congreso.
Podrán ser criticadas esas instituciones insertas en nuestro presidencialismo, pero es una realidad objetiva.
En relación a la defensa de Yasna Provoste, tuvo aspectos críticos, como presentarse como víctima de los políticos. La mayor parte de los hechos que ocurren en el Congreso Nacional son políticos, de manera que nadie puede llamar a escándalo porque en el templo de la política se usan elementos políticos. Fue también un error utilizar la religión como arma de combate, y peor aún, montar una especie de show televisivo con algo que es importante en nuestras prácticas políticas. La defensa del abogado Luis Bates estuvo a la altura aunque mostró una extrañeza por la acusación de “contenido político”. Todas las acusaciones presentadas en la historia de esa institución en Chile han tenido un sentido político. Lo raro sería una acusación exclusiva basada en disposiciones jurídicas, pero todos los libelos conocidos tienen algo de jurídico y mucho de política. Es lo normal, pero no lo ideal.
Un segundo error grave en la defensa de Yasna Provoste, fue ofrecido por el Gobierno y su comedia de equivocaciones protagonizada por algunos ministros.
La sesión en el Senado fue del mayor interés y en momentos muy aguda, haciendo recordar los antiguos debates sobre análisis del momento político. El senador Alejandro Navarro puso algo de condimento a la sesión, cuando saliéndose del tema, culpó a los jefes de los partidos de la Concertación por perder la mayoría que tenía en la Cámara Alta.
Muchos senadores criticaron que la acusación tuviera un carácter más político que jurídico, es decir, fue como la inmensa mayoría de acusaciones presentadas en el curso de nuestra historia.
La ex ministra Yasna Provoste queda suspendida por cinco años para ejercer labores públicas y no podrá tampoco ser candidata a parlamentaria.
Para la Alianza más el Cuadrilátero fue una victoria que fue aplaudida, pero con discreción. Para el Gobierno una derrota tremenda y sin atenuantes. |