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Las instituciones ¿funcionan? PDF Imprimir E-mail

Nº 3.270 del 20 de junio al 3 de julio del 2005

Es la frase regalona del presidente Lagos. Cada vez que se produce un estropicio, alguien se arranca con los tarros o con las platas, el mandatario nos tranquiliza: "Las instituciones funcionan".

Me entra la perversa duda: ¿éstas verdaderamente funcionan?

Pero compruebo que es así: funcionan, y siempre.

En plena dictadura militar, en mayo de 1984, un grupo de diecisiete valientes abogados denuncian ante los tribunales que Pinochet, con pillerías, se ha hecho  de una mansión en el Melocotón. La querella recae en el juez Juan Muñoz Pardo, quien, antes de sufrir un infarto por la impresión, se declara incompetente (sincero el hombre), y agrega que "no existe tribunal que, con arreglo de la ley, conozca estos autos".

Los porfiados abogados recurren a la Corte de Apelaciones. Y como "las instituciones funcionan", la Corte designa al magistrado Alberto Echavarría. Nada mejor para el régimen. La CNI tiene un dossier del magistrado que revela su pedofilia: hay fotos de menores que lleva a su casa en la playa. Echavarría, después de mejorarse de una colitis, dictamina que la Constitución (la de 1980) establecía que el presidente de la República sólo podía ser enjuiciado después que el Senado, conociendo una acusación formulada por la Cámara de Diputados, lo declarase culpable. Lamentablemente, como no existía Parlamento, el que debía reiniciarse seis años después, decretaba el archivo de los antecedentes. ¿Se dan cuenta? Las instituciones (la justicia) funcionaban.

En estos días se nos hablan maravillas del nuevo sistema penal. Santiago era la única región del país que no gozaba de sus beneficios.

Sin embargo, a pocos kilómetros de Temuco encapuchados asaltan y queman la casa de un matrimonio de agricultores, y encima les dan una paliza y los dejan en una clínica. Felizmente, allá ya opera el nuevo estupendo sistema penal. O sea, las instituciones funcionan. Pero resulta que ese matrimonio ha sido objeto de 22 asaltos. Entonces, ¿no funcionan? Sí funcionan, porque les dieron protección policial permanente. Lástima que esa noche la guardia se había retirado, y no esperó que llegara la reemplazante. Pero ése es otro cuento.

En Talca se produce un incendio que consume varias propiedades. El caso pareciera sencillo, pues sería un incendio intencional, ya que el fuego se inició en una bodega recién asegurada en una elevada suma de dinero. Se designa una fiscal, y todos felices porque ella aplicará el nuevo y estupendo sistema penal. Pero "naca la pirisnaca". Ella desecha las pistas policiales y el sentido común, y envía a la cárcel a los vecinos que ni estaban asegurados, y que perdieron todo. Estos permanecen un año en la cárcel, pese a las serias denuncias que comprometían a la fiscal. Ante el clamor de los talquinos, el Ministerio Público reacciona, remueve a la dudosa fiscal, y deja en libertad a los inocentes. ¿Funcionan las instituciones? 

En Aysén ansiaban la llegada del nuevo sistema penal: desaparecía un joven cada dos meses, y nunca más se sabía de él. Ahora están decepcionados: desaparece un adolescente por mes.

Cuando se conoce el caso de una jueza de Menores, quien para ganarse un bono que incentiva a las mejores funcionarias, falló 840 causas en 48 horas, y encima remató para sí la casa de un marido procesado por juicios de alimentos. "Menos mal -se dice- que esos abusos terminan con la nueva reforma".

No, la Justicia Civil no se toca con la reforma. Y los jueces civiles, a diferencia de la colega mencionada, fallan 48 casos en 840 días. Pero la institución, aunque lentísima, funciona.

En la Tercera Región, en Huasco, una compañía minera canadiense se propone extraer diez millones de toneladas de oro. El problema es que encima está la Cordillera de los Andes. No, ésos son pelos de la cola: con la maquinaria moderna se cavan los glaciares, y se trasladan los hielos. Los campesinos se muestran desesperados, pues de allí proviene el agua que los surte. Además, los relaves de la mina dejarán sin vida sus fértiles valles. Adiós a sus piscos, a sus vinos, a sus frutas.

Se recurre a la gurú del medioambiente, Adriana Hoffman, entonces ejecutiva de la Conama. Ella evitará el caos, pero... doña Adriana dice que si los glaciares estorban, se pueden correr.

Lo importante es que las instituciones funcionen.

Hernán Millas

 
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