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N° 3.363 del 12 al 25 de enero del 2009
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Germán Gamonal
Editor político
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Varias son las razones por las cuales José Miguel Insulza, a quien con cierta exageración llaman el “Pánzer” de la política, debió renunciar a su precandidatura presidencial en un gesto de realismo político que lo completó al hacer un llamado a respaldar al senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle como abanderado de la Concertación.
Las razones por las cuales debió renunciar se pueden resumir en los siguientes puntos:
1º Nunca tomó muy en serio su pre-candidatura llevada adelante esencialmente por la mesa directiva del Partido Socialista, esto es el senador Camilo Escalona y el diputado Marcelo Schilling. A pesar de los ruegos de esos dos dirigentes, Insulza nunca se definió claramente para buscar su postulación. Realizaba viajes relámpagos a Chile desde su oficina en el centro de Washington, y aquí se reunía habitualmente con las mismas personas: los mencionados jefes del PS; el ministro José Antonio Viera-Gallo y media docena de dirigentes, con los cuales desayunaba, almorzaba y cenaba. Siempre oyó las mismas letanías de parte de Escalona y Schilling: debía renunciar a la OEA e instalarse en Chile.
Nunca se decidió.
2º Las críticas de altos funcionarios que se desempeñan en la propia OEA y que llegaron al Departamento de Estado. Allí se analizó los gastos en que incurría el Secretario General y se empezó a preguntar por esos funcionarios si la OEA podía ser trampolín para buscar una candidatura presidencial. Esas críticas salieron poco al exterior, pero fueron una realidad que preocupó al país que más dólares debe entregar a la OEA para mantener a sus funcionarios.
3º Insulza formuló, muy tarde por cierto, opiniones políticas que resultaron absolutamente equivocadas. Dijo al pasar ante algunos periodistas que quería ser candidato, tardíamente por cierto, y luego agregó que requería el “respaldo del PPD”, justo cuando ese partido abandonaba la candidatura de Lagos por decisión del ex presidente, pero de inmediato desde Pepe Auth, el presidente, hasta militantes de base destacaban el nombre de Eduardo Frei como posible abanderado. Lo señaló además un grupo de ex ministros militantes del PPD. Terció en el debate el influyente diputado Jorge Tarud Dacaret, experto en cuestiones internacionales. Surgió la voz potente del diputado Enrique Jaramillo y de numerosos concejales de todo el país, entre ellos Rodrigo García Márquez y del senador Roberto Muñoz Barra.
Apenas se vislumbró que Insulza y su pre-postulación no tenían destino, se abrió en el PPD la senda presidencial para el senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien recibió en su casa a Insulza. El secretario de la OEA llegó a brindarle su “irrestricto apoyo”, poco antes de viajar de regreso a Washington.
En otras palabras, el gesto de Insulza de renunciar a sus eventuales posibilidades –que nunca se vieron muy claras– no fue un gesto dadivoso en favor de Frei, sino que simplemente fue un acto de realismo político, y en ese sentido, Insulza actuó correctamente.
En el episodio se comprobó otra cosa. Una postulación presidencial no se improvisa. Se debe preparar con esmero, no con un grupo de cinco amigos, sino que a través de las directivas de los partidos políticos. Adquiere plena vigencia la teoría del senador de la UDI, Pablo Longueira, quien hace tres años señaló que una postulación a la presidencia debe ser organizada con anticipación.
La candidatura de Insulza careció de todo sustento y se demostró que una candidatura a la presidencia no es una cuestión de amigos, sino de una organización política bien dirigida. En el caso de Insulza su candidatura dio algunos chisporroteos, pero nunca prendió.
Por lo tanto, pasa a la historia como un episodio que no agarró vuelo y menos logró penetrar en la gente.
Insulza tiene un pasado político activísimo y quizás también se le podría abrir un futuro diferente y positivo. Eso lo dirá el tiempo.
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