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N° 3.403 del 26 de julio al 8 de agosto del 2010
El Gobierno y la oposición, con sus más representativas figuras, se han enfrascado en una dura pelea cuyo centro es la ex presidenta Bachelet y su administración.
“No hay ninguna obsesión” con la gestión de Michelle Bachelet, aseguró la ministra secretaria general de Gobierno, Ena von Baer, descartando que el oficialismo se haya propuesto destruir la imagen de la ex mandataria. Explicó que solamente existía la intención de “aprender de las cosas que se han hecho de una forma no ciento por ciento bien en las administraciones anteriores, para hacerlas mejor en el futuro”.
Por cierto, no es verosímil esta candorosa explicación de la vocera. El propósito de Piñera es claro: no pasar por la historia como mero paréntesis entre dos Gobiernos de la Concertación y traspasar la banda presidencial a otra figura de la derecha. Para ese efecto, es imprescindible demoler la imagen de Bachelet, pues en las encuestas no afloja en sus niveles de popularidad y es la más probable contendora en el 2013.
Ello explica el poco sentido del humor con el cual se reaccionó en Palacio frente al programa “Halcón y Camaleón” de TVN. Pero, además, es la clave de la embestida del oficialismo en materia de fiscalización y en temas como la encuesta Casen.
Piñera perdió el miedo a los positivos niveles de evaluación de la ex presidenta y concordó un diseño de relación entre el Gobierno y la Alianza, después que la Concertación le propinara una fuerte derrota al rechazar el alza del royalty para la reconstrucción.
Bachelet parece tranquila, confiada en el respaldo ciudadano. La Concertación dice estar en disposición de blindarla. Habrá que ver. Con seguridad, la ex presidenta conoce ese axioma de Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
LA POBREZA
Uno de los momentos claves de la ofensiva del oficialismo ocurrió el pasado 13 de julio, cuando el presidente Sebastián Piñera entregó los resultados de la encuesta Casen 2009. En un extenso discurso en la Moneda, el mandatario lanzó duros cuestionamientos al Gobierno de Michelle Bachelet por el aumento en las cifras de pobreza registrado durante su período. Fue una operación bien calculada.
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