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N° 3.431 del 22 de agosto al 4 de septiembre del 2011
Creo que los últimos incidentes –primero en Chile y luego en Inglaterra– contribuirán a reafirmar los excelentes lazos de amistad entre ambas naciones.
¿Por qué?
Durante un tiempo se ha hablado –y con beneplácito nuestro– que somos “los ingleses de Sudamérica”.
¡Qué mejor piropo!
En los últimos días se ha producido la generosa respuesta de los ingleses. Y en Europa y el resto del mundo ya se habla de que los ingleses son los chilenos del viejo continente,
La misma asonada de disturbios de nuestros estudiantes, y que después, desgraciadamente, encontró eco en el lumpen, se repitió en Londres.
Todo como si fuera calcado. Se empezó primero probando con la destrucción de la señalética y el destrozo a los autos que ninguna relación tenían en el conflicto. Daba la impresión que, en Londres, los “copiones” veían en la tele qué habían hecho sus “colegas” chilenos para imitarlos
Si en Gran Bretaña no están en clases, pues se hallan en vacaciones de verano, no importaba. Más gracia era cometer los disturbios sin que la opinión pública supiera a qué se debía esta inesperada fiebre de saqueos y atentados.
Y todo calcado de Chile. Si acá estudiantes y la turba asaltaban y saqueaban la tienda La Polar (siempre haciendo noticia), en Londres repetían la “hazaña” con la tienda The House of Reeves, que tiene una tradición de 140 años. Y para ganarle a sus colegas santiaguinos, concluían incendiándola. Luego para acumular más puntos hicieron lo mismo con Unión Point, un edificio histórico que recién había sido remodelado. A la manera chilena saquearon su tienda.
En un comienzo los ingleses culparon de los saqueos al lumpen y a las bandas callejeras, pero cuando se dieron a conocer la identidad de algunos de los arrestados, quedaron estupefactos. Entre los arrestados había “gente bien y millonarios”. Los ingleses no podían creer cuando vieron en la televisión a algunos de los arrestados, que pertenecían a familias pudientes, y que confesaron que lo hacían “para entretenerse”, y que en sus autos habían cargado televisores y microondas. El caso más insólito lo vivió la millonaria Joan Adrianne, que sufrió un “patatuz”, cuando reconoció en la televisión a su hija Chelsea, de dieciocho años, saqueando una tienda y luego arrojándole ladrillos a la policía. La muchacha, días antes, había aparecido en la televisión con el alcalde de Londres aceptando ser promotora para los Juegos Olímpicos del próximo año.
Solemnemente renunciemos a ser los ingleses de Sudamérica.
Preferible, con todas las “yayas”, ser lo que somos.
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