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Reformas políticas indispensables PDF Imprimir E-mail
Germán Gamonal
Editor político
N° 3.437 del 14 al 27 de noviembre del 2011 El movimiento de los estudiantes comenzó con peticiones al Gobierno respecto de temas como gratuidad de la enseñanza, fin del lucro, desmunicipalización, y con el transcurrir del tiempo se agregaron otras de orden político, como designar una constituyente para elaborar una nueva Carta Fundamental, pero con otros aspectos, entre los cuales nos parece positivo la petición de pedir reformas políticas indispensables.

Siempre que se habla de reformas políticas se pueden dividir en dos grandes lineamientos:

a) Cambios al actual sistema “presidencial” que rige en nuestro país por muchos años, aunque con cierto paréntesis entre 1892 y 1925, porque en ese tiempo hubo un sistema “parlamentarista”, pero a la chilena, que no fue tan excelente como dicen sus partidarios, pero tampoco tan malo como expresan sus adversarios, uno de los cuales escribió que el único legado del “parlamentarismo en Chile” fue la construcción de una red ferroviaria entre Iquique y Puerto Montt. Se han hecho intentos de conmover a la clase política con un cambio y llegar a una especie de parlamentarismo, similar a un presidencialismo corregido.

No es el momento ni hay ambiente para cambiar el sistema político que nos rige.

b) El segundo aspecto de la petición estudiantil nos parece más aterrizado y quizás pueda contar con el respaldo de vastos sectores. Nos referimos a cambios dentro del sistema de Gobierno para hacerlo más democrático y participativo. En ese sentido, es preciso modificar al menos los siguientes puntos:

1.- Reformas al sistema electoral binominal.

2.- Continuar avanzando en el proyecto de inscripción automática y voto voluntario buscando alguna solución a varios puntos pendientes.

3.- Voto de chilenos en el exterior, que no es tan influyente, pero luce bien.

4.- Cambio urgente a la forma de designar a parlamentarios en reemplazo de aquellos diputados o senadores que dejan de pertenecer a su respectiva cámara, por muerte o por aceptar un cargo ministerial u otra razón.

De estos posibles cambios estimamos que es indispensable reformar el sistema electoral binominal, porque carece de una raíz democrática, ya que se da el absurdo que de dos bloques partidistas, basta que aquel que sea derrotado, pero con un mínimo de 35% de los votos, elige igual número de congresales como el bloque ganador, que en ese caso podría obtener el 65 por ciento. No resulta lógico que la lista que pierda, tenga igual número de congresales que la vencedora. El sistema da como resultado que cada lista obtendrá un elegido por distrito, por ejemplo, y ese verdadero empate político podría causar muchos problemas por años.

El sistema claramente no es democrático, y en ese sentido, lo es mucho más un sistema electoral proporcional como el que se aplicó en Chile (1925-1973).

En la actual Constitución, en los primeros años se utilizó algo distinto. Reemplazaba al parlamentario que abandonaba su cargo, quien había sido su compañero de lista en la anterior elección.

Una reforma aprobada por mayoría señala actualmente que el congresal que deja su escaño es reemplazado por aquel ciudadano que sea nombrado por la directiva del partido al que pertenecía el titular del cargo. Esto es realmente extraño, porque se transforma una directiva de escasas personas en un gran elector que reemplaza a miles y miles de chilenos. Este sistema va contra las bases esenciales del Estado, que pregona el sistema democrático representativo.

Nos recuerda el extraño “Congreso” designado por los jefes políticos y un representante del Gobierno en 1930, en que senadores (parcialmente) y la totalidad de la Cámara fueron “elegidos” para constituir aquel extraño “Parlamento Termal”.

No resulta normal ni lógico y menos democrático que un grupito de dirigentes de un determinado partido se transforme en representante de miles de chilenos. Eso es inaceptable y va contra la historia.

El cambio al sistema binominal y la manera de designar a parlamentarios como los señalados nos parece que debe ser abordado a la mayor brevedad.

La manera de elegir a un congresal es a través de elecciones, sean ordinarias o simplemente complementarias, como se hizo por años en Chile sin mayores tropiezos. Este sistema le da solidez a los elegidos como ocurrió durante la vigencia de la Constitución de 1925, con la sola excepción ya señalada.
 
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