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N° 3.453 25 de junio al 8 de julio del 2012
En una televisión donde los chismes de la farándula aumentan el rating, Juan Andres Salfate debería gozar de permiso para consumir unos pocos gramos de droga. Los suficientes para trasladarnos a un mundo cercano a el apocalipsis.
¿Quién no ha disfrutado con sus augurios? Y también, ¿quién no han visto alterados sus sueños con el anuncio de posibles terremotos, o alteraciones de su vida terrestre por el choque de planetas?
Salfate no se inmiscuye en la vida privada de nadie, sino que indaga en el futuro del mundo incierto en que vivimos.
Y en este panorama ha mantenido su público. Incluso quienes se muestran escépticos con sus anuncios, lo siguen con curiosidad, y hasta preguntándose, “¿y si esto sucediera?”. Esa audiencia se ha mantenido fiel, y pareciera que al gran públicvo le fascina acercarse a ese mundo.
Todo el percance se produjo cuando vendedores de la droga, cometieron una grave falta, y llegaron a las puertas del canal a entregarle su mercancía, en circunstancias que en otras ocasiones lo hicieron en las cercanías de su casa. La policía salió detrás de los pasos de sus abastecedores y Salfate pasó a sufrir la vindicta pública.
Como egresado de publicidad de la Universidad de Santiago, Salfate sabe los riesgos de la popularidad, y pienso que él va a salir airoso de esta difícil prueba, porque le sigue un público fiel a su cuento.
Vamos a otro hecho curioso de los últimos días.
Este lo protagonizó la cantante María Carolina Figueroa, conocida como La Rancherita. La indagación se inició cuando apareció en un tabloide santiaguino, junto a un elegante vehículo. El auto mostraba su patente de Iquique. En forma rápida el acucioso funcionario dio cuenta de su origen: había sido adquirido en la Zofri (Zona Franca de Iquique), en octubre del 2009, y no cumplía con los requisitos para sacarlo de Iquique: residir 5 años en la región, o tener un permiso para sacarlo por 90 días. La afligida cantante argumentó que fue víctima de una apuesta que hizo en el sentido que podría sacar un vehículo sin que la pillasen. Ahora ella arriesga hasta 3 años de cárcel y una multa de 4 millones de pesos. Lo único que ha conseguido es que los apostadores se conmovieron y le perdonaron la apuesta.
“No somos nada”, comentó en medio de las lágrimas.
Salfate y Carolina merecen un gesto de simpatía.
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