 |
Germán Gamonal
Editor politico |
Es preciso que "funcionen las instituciones", castigando severamente a quienes han infringido la ética y las leyes. Chile no es un país corrupto, pero se deben enfrentar los casos concretos y no tratar como simple "hojarasca" la cantidad de estiércol que dejan los últimos episodios.
N° 3.308 del 4 al 17 de diciembre del 2006
Al presentar dos libros sobre ciertas modernidades -aeropuertos y puertos-, el ex presidente Ricardo Lagos dijo que eso quedaba para Chile, y no "la hojarasca" que había sido la preocupación de los últimos días.
Por cierto que el ex presidente está "equivocado medio a medio" en este tema, como diría Patricio Aylwin. Es efectivo que una pequeña hojarasca se la lleva el viento, pero cuando se acumula, se transforma y se convierte en algo casi imposible de tratar y menos de extirpar. "Es un ácido fétido", aclaró el presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona.
Lo que ha ocurrido en los últimos tiempos es una hojarasca que -esperemos- no se quede y se pueda lanzar lejos. ¿En qué ha consistido? En primer lugar, los escándalos derivados del caso MOP-Gate, con una serie de flecos, que llevaron a pasar una temporada en Capuchinos a un ex ministro de Estado del presidente Lagos. Se acusó a otro ex ministro, se encauzó a una serie de ex funcionarios, uno de los cuales continuó en cargos de servicio público (aunque debió renunciar hace pocos días y fue suspendido de su militancia política).
No fueron hojarasca los llamados "sobresueldos", destinados a determinados altos funcionarios que recibían del alto cielo cantidades que además -por algún milagro político- no tributaban. Allí se pueden apreciar irregularidades que nada tienen de leves.
Y no nos refiramos a las "hazañas" de Chiledeportes en los últimos años, porque allí se juntó y almacenó hojarasca que hoy tiene en entredicho a ese servicio del Estado, presuntamente destinado a colaborar con el deporte y quienes practican alguna disciplina, pero que con el tiempo se transformó en una parcela política para pagar favores o ayudar a los favoritos de palacio. Lo ocurrido en Chiledeportes es de gravedad. Nunca se había visto, en los últimos años, que todos los jefes regionales de un servicio público hayan sido despedidos, y que algunos ya estén procesados y otros presos.
Esa situación preocupó por semanas a los medios de comunicación y a la gente, que dio a conocer sus opiniones en diversos sentidos, especialmente en las cartas enviadas a revistas y diarios, algunas de las cuales se han publicado.
Lamentablemente para la clase política no ha sido el único tema que ha preocupado, porque directamente relacionado con lo anterior aparecieron facturas falsas que se utilizaron para obtener recursos de Chiledeportes a través de esos documentos brujos, con direcciones inexistentes, con socios imaginarios y cuyos principales promotores hoy son prófugos de la justicia.
Según el director de Impuestos Internos, es la mayor operación fraudulenta que se ha pesquisado, porque se ha detectado a una gran cantidad de empresas fantasmas y esas facturas han sido utilizadas por pagos efectivos de servicios, como en el caso de las postulaciones de Lily Pérez y Sebastián Piñera, pero también para "justificar gastos", es decir, claramente son documentos constitutivos de delitos. Y esto lamentablemente ha sido reconocido por el senador PPD Guido Girardi, lo que le trajo una serie de acusaciones de personeros de su propio partido. En este sentido, habría que destacar la labor que realizó en el episodio el senador por la Primera Región, Fernando Flores, quien estima que es preciso velar por la ética ante casos claros de corrupción.
Todo este cuadro no constituye una hojarasca, sino que una serie de irregularidades. Es preciso que "funcionen las instituciones", castigando severamente a quienes han infringido la ética y las leyes. Chile no es un país corrupto, pero se deben enfrentar casos concretos como los mencionados y no tratar como simple hojarasca la cantidad de estiércol que deja el episodio.
Pretender hacer frases más o menos efectistas no sirve de nada. Es como esbozar sonrisas que se transforman en morisquetas. La ley debe ser aplicada a todos por igual. Aquí no caben defensas corporativas ni expresiones que minimicen lo que lamentablemente ha ocurrido en algunos servicios públicos y en partidos políticos, hechos por cierto muy lamentables para la política.
|